Hoy es un día especial, porque celebramos el nacimiento de mi mamá, Patricia. Su nombre lleva consigo una historia que conecta generaciones. La llamaron Patricia porque compartía su día de nacimiento con su tía Patricia y su abuelo Patricio, quien por parte de su papá, dejó una huella imborrable en nuestra familia.
Mi bisabuelo Patricio nació en 1901, en Armadillo de Los Infante, San Luis Potosí, México. Fue minero, trabajando en una de las minas más ricas descubiertas por los conquistadores. Su vida fue marcada por las duras condiciones laborales que afectaron su salud. En 1953, falleció por complicaciones pulmonares, dejando a mi abuela y a sus hijos sin padre. Las secuelas de su ausencia resonaron a través de las generaciones, dejando una marca profunda y moldeando las experiencias de quienes vinieron después.
Conocer estas historias me llena de emoción. Saber de dónde vengo, las luchas, las lealtades y la fortaleza de mis antepasados, me ayuda a entender mejor quién soy. Es impresionante reflexionar sobre cómo una profesión o la situación de un país, o el número de hijos que tengas pueden determinar no solo el destino de una persona, sino también el de las generaciones futuras. A pesar de las adversidades, aquí estamos, continuando con la historia.
Doy gracias por mi abuelo Patricio, por las decisiones y caminos que llevaron a mis itos (abuelos maternos) a encontrarse, y por las circunstancias que unieron a mis padres, permitiendo que yo estuviera aquí hoy.
A veces, pienso en cómo una simple decisión puede cambiar el rumbo de nuestras vidas. Cada pequeña elección tiene el poder de redefinir nuestro destino. Imaginate cuantas cosas tuvieron que pasar para que tu estés aquí presente hoy en día, cuanta gente a través de la historia tuvo que haber coincidido para que tu nacieras.
Hoy, mi corazón está lleno de gratitud por el nacimiento de mi mamá. Ella es una mujer sabia, fuerte y amorosa. Aunque me regaña y la hago enojar más de lo que quisiera admitir, sus enseñanzas han sido invaluables. Me ha mostrado cómo amar sin reservas, respetar con firmeza, defenderme con valentía y enfrentar la vida con determinación.
Gracias, Ma. Por ser tú, por todo lo que me has enseñado y por amarme a mí y a Oli con tanta entrega. Te amo hoy y siempre.
Tu hija,
Ale